Lo intransigente de los parpados,
Trascienden más en la extensión al vuelo.
Volver, y la espera me convoca a lo eterno,
la arena en atmósfera
tenue,
las palabras se inundan cuando ya no hallo más.
Quién volvería si una sola palabra intentara,
qué si se trisa la frágil memoria.
Que si cada uno espera y en verde ilustro los sentidos
y yo rompo en la última gota el sorbo.
Nada volvería al tiempo, porque del tiempo nacen los
recuerdos,
si me pierdo es preciso que no me busquen
porque en las estrofas escucho el silencio.
Que me digan que no
duele el espacio
Y en palpito, lo
escucho tan cerca de mí,
que no encuentro mayor esfuerzo en las manos y los pies.
Esperad oigo a la bella dama,
el contraste de los libros me sacan los ojos.
Esperaría para saber
si la palabra no se volviera estancia inútil,
Y si, quizás mis pasos me llevarán a estar perdida en un
paseo fugaz.
Y toda esta alegoría
no es más que lo que retuerce en el vidrio,
en lo que despelleja las ganas, el insomnio la maldita cuestión.
¡Que aflore el otoño en las esquinas perdidas!
y las miradas a ciegas, si a ciegas del precipicio.
Lo melancólico al sepulcro, hoy despejan intensos los
estallidos,
quizás esté, quizás volvimos a partir.
Tangencialmente incorrecto*