En todas las revueltas mentales que tengo, siempre intento
hallar el rumbo que haga encontrarme otra vez… Hay tantas veces que cultivo
el tiempo en mi cabeza, como si haya afuera no hubiera lugar y es que
en ese momento he destruido todo de mi, revolviendo la alegoría de la felicidad,
y es por eso que cuando no me encuentro finalmente, prefiero quedarme acá.
Y es que he vivido la vida de los transeúntes y la del
solitario, he aprendido de las miradas a los ojos y de las miradas al espejo.
He sentido el dolor de querer ser parte de todo, del amor incondicional y
de también, buscar el amor propio. Me he encontrado en compañía, en el confort
incomparable del calor humano, pero también me he asustado de depender de ese
estado para poder sobrevivir… y es que no hay nada igual a esto de encontrarse
entre dos y volver un espacio un universo de posibilidades parlanchinas, de
eterna complicidad y de esa afirmación tan tenue que la sientes en los poros…
pero es que me he acostumbrado tanto a mi, que se me olvida que los necesito,
que me he acostumbrado tanto a mi que los veo frágiles - ¡que se me quiebran!-
que cuando veo su cruz, solo quiero dibujarles lo que mis aprendizajes me han
llevado a entender las mariposas!…- y tu? -, a pues claro, no poseamos lo que
no nos corresponde!.
He estado anclada tanto tiempo buscando un libro que
reconstruir, un horizonte que navegar y una fuente que sanar, que me he
olvidado que los pies ¡también los puedo plantar!… Tengo miedo de mi y de la
gente, tengo miedo de los que han dejado de creer porque cuando los miro, sé
que yo también lo haré - he irónicamente ya me pongo las rodilleras antes de
echarme a volar-
En estos cortos años me he perdido más de lo que en el mismo
viaje he tenido que hacer… y lo acepto y lo profeso, pero algún día me gustaría
armarme al galope, o al viento, o a la tierra como los escarabajos y dejar de
buscar el camino que me lleve a mi otra vez. Ese día… ese día!
Nicole.