Cuando estaba caminando hacia el sueño
sentada y con la misma perpetuidad
se disponía a un bombardeo eminente
de todo lo que ella no entiende,
de su interior, de todas aquellas
respuestas que creía saldadas, pero que sin
más nadie entendía y nadie las iba a entender
y mucho menos por querer entenderla
a ella... era nada más y nada menos
que otro arborio de las palabras y de
cabezas que tenues y en melodioso
compás la invitaban a una lagrima descongelada
en un segundo que nadie supo reconocer,
en aquello que solo es un suceso extraño
y difícil de percibir...
Solo es lo incomprensible lo que aborda
un cobijo y un aliento al alboroto
interno de un melancólico paseo fotográfico
de aquellos en donde suele capturar
esos vagabundos pasos al contrario de su camino.
Un extraño se acerca a darle la hora puntual,
aquella de la que escapaba a menudo
pero como cada instante desapercibido
se apresaba sin piedad... imponiendo nuevamente
un tortuoso consenso para poner ir allá
al infinito en donde nadie la puede tocar,
donde jamás es su día y la soledad
es el mejor cobijo a lo que ella
cree imposible y desgarrante...
El querer no aceptar es el problema
el insistir en fraccionarse... la respuesta
provisoria e ilusionista que la mantiene fiel
a sus pensamientos... a su ser, a su existencia a
su esencia... a su viaje estelar...

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