Podemos pretender que de la nada mis manos recuerdan tu calor. Desafortunados desencuentros ilustraron despedidas entre puertas, veamos. Palabras ingenuas, incompetentes y sinceras, estúpidas. Corrí entre sabanas a encontrarte en la frente, me paraba en un abrazo eterno, un segundo. En langidos tiempos mis pies arrastraban caminos, uno y dos era lo que forjaba en la compasión que me tenía mi propia soledad, hoy la desconocía, me desconocía. Eran cuentos y fábulas de mutilados personajes, unos se infectaban hasta explotar, todos eran presa de sus agravios, mentir era el pan. Jamás iba a comprender que dolor causaba el dejar las paredes que me tranquilizaban, mundos, basurales, el viento forjaba en mi pelo una enredadera, ya no quedaban miradas y las lagrimas me marchitaban el alma. Podríamos explicar el pretender?, buscábamos en esos caminos de dispares continuaciones, que mi paso es lento y navegante, quizás un tanto delirante, pero es.
Podemos regirnos por protocolos que nos callan, podemos hacer que no escuchamos cuando vemos, podemos inspirarnos solamente de vez en cuando, cuando despiertas al llegar a un consenso con la almohada. Fallas y te disparan a contra luz, allí pierdes, no por elección, si no porque esos cuentos de animada niñez eran los que siempre te mintieron. Hoy podemos entender más de lo que hacemos, sin embargo, paramos a ser esclavos de la esclavitud de otros, se me revuelve el estomago. Y encuentro a aquel, sentado entre libros, desvariando como desde su esencia siempre fue, miro al mar. Ahora le creí, ahora le juré, solamente leí párrafos de tiempos, de voces, de contrastes marrones, en tiempos que perdí y marché.
(N)