en inútiles intentos me despierto tranquila
son pocos los descolores,
pues todo es en franca sincronía,
caminos, siendo que podemos ser libres
y de lo poco que recuerdo
siempre es el infinito.
De unas pupilas que jamás me olvidaré,
pues desde nunca su voz y sus palabras
me envolvieron, era un reflejo.
Y lo que de sus labios palpitaba a la guitarra,
estábamos perdidos entre sus canciones,
se nos proponían esas constelaciones navegables
que podemos alcanzar con cerrar las pupilas
a la sutileza de una voz al altar.
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