Me marcho, mis pies se anclan y me desprendo sin más.
Jamás llegué y menos lo haría, pues no debe haber preocupación alguna.
A veces escapamos de nuestras propias virtudes,
me sumerjo y es como un no estár, sin más, lo estoy.
Y me asusto en el propio marcar de mis pasos,
me llevan a lo que mis ojos se ciegan, y se me congelan los huesos,
se me desespera el sentir, se me arrancan las ganas, pero sé, si lo sé,
sé lo que es estar siempre allí.
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