Lo que perdemos por ser cobardes
y reverenciar al todopoderoso rival del hombre,
ese inquisidor de todo aquello que nos florece la vida,
¡Si, miedo!.
Y los corazones se pudren,
se pudren de soledad,
pues su luz se encapsula...
por qué no nos liberamos de las mascaradas
y preferimos ser fantasmas sin razón y sin corazón.
N
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