
Y leía un libro, que en sus ojos podía ver la perfecta sincronía entre las palabras y una sucesión de su voz.
Iba caminando con la liberta en mi espalda, un extraño conocido de melodioso colores en un rincón; mis ojos desprolijos de conciencia parecían reconocerlo. Iba a seguir mi rumbo, pues era un extraño. mis pies se detuvieron y como un imán fueron hipnotizados hacia él. De sus manos un libro esperaba, cada palabra se proyectaba en sus miradas y esas sabias manos que retrataban todo ese sentir; de nerviosismo y perpetuidad cada segundo se hizo un eterno, pero se presentaba la hora anticipada del seguir. Seguían en mi mente cada palabra y cada reproche y es cuando la inmensidad del mar se hacia presentes en mis ojos, sin razón y en un aterrador sentimiento. Y entre mis sabanas blancas de frio y soledad en la mañana, es cuando me doy cuenta de que mis manos cubrian mi rostro, humedas y entumecidas; que en mi almohada habian pajaros de fuego estrellandoce directamente en mi pecho y disponiéndome a dejar todo lo revivido por aquel extraño que sin permiso perturbaba nuevamente. Y es que desde siempre existió un final y no comprendía, pero tal vez algo de aquel extraño podía sentir...
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