domingo, 11 de septiembre de 2011


Los oídos me temblaban después de perderte debajo de las sábanas y en una inocente tracción volví. Me escapé, busqué la inmensidad, que no pude resistir, simplemente éramos, y como cuentos de terror, retratado en la silenciosa pared.         Desde la mirada, en cada reflejo, te buscaba el alma, en compases y frías caminatas en anchas calles que no me llevaban. Guardaba a cada puerta tu espera y en tiempo transformé cada séquito de imaginación del alma mía, tus manos recordaban mi final, cantado, susurrado cual animal en primavera. Insistí en que el tiempo no era tuyo, ni mucho menos mio, y se esfuma como después del mar. Y quizás si, palabras de mediocre niñez se enredaban a tu lectura, otros puños ganaron. Cada día , atardecer inoportunos, desconocidos, cuando los anhelos me volvían al aire de alturas, donde vivo y mis ojos se inclinan al sol.
(después de …)
Nqlt

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