Y le volví a ver los pies, le escuchaba paso tras paso, mis ojos se alejaron como siempre, como pájaros sin corazón. Estuvo y yo me fui; Si viera bajo mi piel… Cada latido me enroscaba los nervios. Y le vio a los ojos de pez… flotaba como la inmensidad, flotaba entre el color de las calles y las personas, entre lucha y conciencia, allí, su ser. Le escuchó, sus manos se autofragelaban las uñas, los dedos parecían ahorcados. Cada imagen se impregnaba en sus manos, estaba cerca, si créelo, y aún así no fuiste capas. Entre canciones, risas y un globo que chocaba mi conversación, escuchaba a los perros detrás de las bicicletas, el cielo resplandeciente, la mente, no sabia donde se me iba; pero eso si, mi mano seguía arriba. Hace tiempo que no caminaba por las calles marrones, hace tiempo no contemplaba la risa de colores del sol, hace tiempo no respiraba el aroma de los pimientos, ásperos, secos, únicos. De gatos en el tejado que no esperan a los barcos, y de poetas que no tienen más compañía que la melancolía del frío. Y sin más ya era, se iba , se alejaba, olvidaba, pero aún le latía al que en la maleta guardó, si, era de carne y hueso, si, era que filtraba sangre… vivía otra vez, se le había olvidado, y recordó, pues si los pasos no le hubieran sido señalados, le reconocería solo con la mirada, terminó. En un silencio, apareció , cuando le creía al viento otra vez.
N

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